Optimismo online


He leído un artículo sobre la proliferación de portales, blogs y páginas personales que contienen sólo buenas noticias. Este fenómeno podría parecer una mera curiosidad folclórica si no fuera, en lo esencial, habitual en el medio online. Los portales, páginas personales o blogs de buenas noticias son (como los de jardinería, fotografía, música celta, tipografía, senderismo, educación a distancia, etc, etc, etc) manifestaciones de quienes los mantienen, sostenidos por mucho interés, mucha pasión y, generalmente, mucho conocimiento y mucho trabajo (Max, el niño de 12 años protagonista del artículo, trabaja muchas horas en su “proyecto”). El optimismo de Max, del traductor de inglés y de los otros actores de las historias que cuenta la noticia, no es producto de una estrategia de comunicación, de una línea editorial o de la aplicación de un libro de estilo. Es, sencillamente, la expresión de quiénes son y cómo se sienten ante la realidad que les provoca (en el caso de Max a través de un comentario de una profesora al que el chico estuvo atento, lo cual es por cierto algo valiosísimo).

La diferencia del entorno actual frente al de hace unos años es que cualquiera puede hacer que la expresión de su personalidad y su creatividad llegue a cualquier rincón del planeta. En ese sentido, los jóvenes juegan con cierta ventaja porque son nativos digitales, lo cual significa no sólo y ni siquiera principalmente que sepan usar la tecnología (yo, por ejemplo, me considero en muchos sentidos al mismo nivel que el adolescente más friqui), sino sobre todo que su deseo de expresión no tienen límites y no se frena ante el prejuicio de que existan categorías a la hora de juzgar quién puede y debe publicar su opinión sobre las cosas que pasan en el mundo. No es un comité de sabios quien decide quien publica, sino la iniciativa de los usuarios.

Max, como tantos otros internautas de todas las edades, es capaz de trabajar como un verdadero creador de contenidos, con una mentalidad multimedia, aprovechando las ventajas de la convergencia y la participación que tan bien describe Henry Jenkins para expresarse tal cual es.Kevin Kelly, uno de los primeros gurús que comprendió y predijo el potencial de internet como medio de comunicación de masa, escribió en enero de 2002 “The web runs on love, not on greed” (La red funciona sobre el amor, no sobre la avaricia) que puede leerse en inglés aquí.  Después de releerlo uno entiende que lo que describe el artículo de La Nación está desde el inicio, formando parte del ADN de internet como medio de comunicación.

Anuncios

Enseñar cultura, no tecnología

En el  nuevo entorno
de los medios digitales, la alfabetización de los usuarios crece en
importancia, en cualquier nivel de los ámbitos educativo y profesional. Sin embargo,
siguen siendo raros los ejemplos de una formación que consiga preparar a los
usuarios para explotar todas las posibilidades de los medios digitales. Pocos
programas van más allá de la formación en capacidad de uso de aplicaciones
básicas y elementales, con explicaciones estrictamente tecnológicas, y sin una
vinculación concreta y real con los intereses de los usuarios.

Este enfoque genera con frecuencia frustración cuando no recelo
(particularmente entre los usuarios que no son “nativos digitales”) y es,
además, poco práctico: ante la vertiginosa velocidad de la innovación en estos
medios es necesario superar un modelo de formación que se basa en el dominio
elemental de ciertas aplicaciones que podrían quedar obsoletas – incluso serlo
ya en el momento en que muchos usuarios acceden a ellas.

En su lugar, Jenkins propone empezar por presentar
los conceptos culturales y sociales de los nuevos medios, lo  cual requiere formar en una determinada
manera de pensar y de mirar; de observar y de actuar; pero, sobre todo, de
participar. Si el usuario aprende desde el atractivo de un uso participativo de
internet, la tecnología se hace significativa, al orientarse a un fin
relevante.

Este punto de vista mira a  la tecnología como un sistema “ecológico” y rebasa
la concepción aislada de cada tecnología en particular, de manera que las
herramientas tecnológicas se integran en el entorno de uso de los individuos.
Son un aspecto clave del medio, pero como vehículos para explotar el medio.

Para Jenkins, la alfabetización definitiva requiere la superación
del paradigma tecnologicista. Y esto exige presentar el fenómeno de los nuevos
medios desde el concepto de la participación y no desde el de la
interactividad, porque “la interactividad es propia de la tecnología mientras
que la participación es propia de la cultura”.

Lo anterior significa considerar que los usuarios son
capaces de comprender el fin (los resultados, las consecuencias sociales y
culturales) y no simplemente los medios para alcanzarlos (la tecnología). Es
decir, significa asumir que son inteligentes.

Alfabetización digital

El mundo en el que vivimos y desarrollamos nuestra actividad
personal y profesional ha cambiado, entre otras cosas, porque existen nuevos
medios – los digitales – por los que circula la información. Jenkins nos da la
clave de lo que está en juego cuando, para explicar que "la alfabetización
es social, no individual" afirma lo siguiente: “comprender cómo circula la
información es tan importante como saber expresar las ideas a través de
palabras, sonidos o imágenes”.

Un individuo sólo será social y profesionalmente completo si
es capaz de utilizar esos medios para expresarse. Esto se aplica no sólo a
nuestros niños y jóvenes – los que llamamos nativos digitales – sino también a
nosotros mismos, porque lo que describe Jenkins es una realidad actual, no
futura.


La alfabetización en los nuevos medios no puede plantearse
como una contraposición frente a los tradicionales, sino como una expansión de
la alfabetización en éstos – un proceso básico, integrado en los actuales
procesos educativos formales, y que se considera una habilidad elemental para
la plena integración de cualquier individuo en la sociedad. Pues bien, si
existe un nuevo medio, su aprendizaje debe integrarse en la formación de los
ciudadanos.

La abundancia de recursos y relaciones a las que internet
permite tener acceso de un modo sencillo, casi inmediato, plantea un reto, en
primer lugar, a la capacidad de los educadores de reforzar las capacidades auto-aprendizaje
y sentido crítico de sus discípulos, enseñándoles cómo seleccionar entre las
fuentes disponibles, cómo discernir la credibilidad de cada fuente, cómo usar
eficazmente la información.

Pero, ¿no hacemos también esto al enseñarles a usar la enciclopedia,
la televisión o los periódicos? Del mismo modo que introducimos a nuestros niños
y jóvenes a usar adecuadamente los medios con los que estamos familiarizados,
debemos aplicarnos a hacer lo mismo con los nuevos. Actuar de otra manera sería
limitar la capacidad de integración de los individuos no alfabetizados en la
sociedad.

Es lo que toca, porque es la realidad en que vivimos. No es
cuestión de opinión, sino de responsabilidad. Y es apasionante.

La información está en todos los sitios, sobre todo en uno


Con la generalización de
internet, la realidad ha cambiado drásticamente: la información está en todos
los sitios. Nos movemos en un medio en el que las barreras de acceso a enormes
cantidades de información son muy bajas, un medio que ha dado vida a “una era
de creciente diversidad y facilidad de acceso a la información” en la cual “la
determinación del verdadero valor de la información es cada vez más difícil” (Hobbs,
citado por Henry Jenkins).

Un medio que en pocos años ha
cambiado nuestro modo de vivir. Basado en tecnología, sí, pero adoptado e
integrado en su vida cotidiana natural y masivamente por usuarios no
especialistas. Un medio apasionante por su potencia de innovación, por su
capacidad de revolucionar todo aquello que toca en muy poco tiempo, desde
modelos de negocio a formas de enseñar o de relacionarnos entre nosotros y con
nuestros gobiernos, por poner sólo unos pocos ejemplos. Un medio, además,
cambiante por naturaleza, lugar de continua evolución y de frecuente renovación.

Sin embargo, aunque en su
concreción internet presente tantos elementos disruptivos, en lo esencial es un
medio más. El acercamiento más adecuado a él es común al de los medios
tradicionales. Sirve el principio de que lo importante es el valor de la
información que el medio contiene y transmite, y las prácticas culturales que
se desarrollan en la sociedad que hace uso de esa información. 

El participar, el compartir y
el colaborar están en la naturaleza de internet desde su origen, y se ha
exportado como cultura al modo en que los usuarios esperamos poder utilizar los
medios de comunicación. Probablemente por ello, es el sitio en el que la
tradicional separación entre los productores activos de información y
contenidos, por un lado, y los consumidores pasivos de esos materiales, por
otro, se ha quebrado – acelerando un proceso previsible de crisis en el
panorama de los medios convencionales para el que éstos no encuentran
respuesta, pero introduciendo una novedad en el ecosistema de esos medios muy
prometedora para la sociedad en su conjunto.
 

La información está en todos
los sitios, es verdad, pero sobre todo en uno.

Nuevos tiempos para la creatividad publicitaria

He visto los anuncios de la
Super Bowl que, además de ser el acontecimiento deportivo más masivo del mundo con
una audiencia de 106,5 millones de espectadores – de gente ¡viendo un partido a
la vez! – es desde hace años también el mayor acontecimiento publicitario del
año, el momento en que los anunciantes presentan sus productos estrella y sus
novedades con mayor potencial, el momento para el que las grandes agencias
reservan el ingenio de sus mejores creativos y estrategas, y también las mayores
facturas.

 


Pues bien, este año la gran
noticia es que los anuncios que más han impactado a los espectadores (los más
vistos en YouTube, los más comentados y compartidos en las redes sociales, los
más recomendados a amigos, los más parodiados en versiones caseras) han resultado
ser no las producciones de las grandes agencias, sino piezas producidas de
manera menos convencional.
 


Doritos ha vuelto a atreverse
a programar dos anuncios creados por los propios consumidores, después de
varias experiencias similares en el pasado. Google ha ofrecido un spot
producido internamente que es pura poesía.

 

En ambos casos, los
anunciantes han sido capaces de generar un impacto extraordinario en la
audiencia que conlleva un valor enorme centrando la creatividad no en elementos
accesorios al producto o la marca, sino en los dos argumentos más elementales y
a la vez potentes de la publicidad: la identificación con el consumidor (o el
usuario en el caso de Google) y la comunicación de los valores básicos del
producto. Gracias a este uso sencillo de la comunicación, Doritos y Google
serán recordados; los únicos recordados entre el ruido publicitario del evento
publicitario y deportivo que es la Super Bowl.
 

Llegan nuevos tiempos también para la creatividad publicitaria – como antes para negocios de toda la vida como la
prensa, la música, el cine, las editoriales, los bancos, los seguros, los
viajes, la consultoría, la moda y así un larguísimo etcétera. Nuevos tiempos en
los la clave del éxito estará en conectar con la audiencia con ingenio y
respeto.

Los escépticos y la nostalgia del futuro

En medio de la crisis que azota a la industria de la prensa en todo el mundo, irrumpe una nueva cabecera. Se llama Huffington Post, y nació en mayo de 2005, bajo la humilde forma de un blog de una señora llamada Arianna Huffington. Su historia la resume hoy el diario El Mundo.

Entre 2008 y 2009, el Huffington Post lanzó cuatro ediciones locales: Chicago, Nueva York, Denver y Los Ángeles. Wikipedia reporta que el Huffington Post tiene 3.000 colaboradores que escriben en formato blog, desde políticos y famosos hasta académicos y expertos en relaciones internacionales – que contribuyen en tiempo real sobre un amplio panorama de temas. Su equipo ha crecido de 49 a 89 redactores. En un sector en que hay despidos masivos.

El medio tiene casi 10 millones de usuarios únicos diarios, lo que le convierte en el segundo periódico en audiencia del mundo, sólo por detrás del New York Times. Gana dinero – entre 12 y 16 millones el año pasado. Según explica Seth Godin, pronto será líder en beneficios en USA. Además, recibe el apoyo de miles de lectores que envían donaciones para sostenerlo. En un entorno de todo gratis, los lectores están dispuestos a pagar para que el Huffington Post no desaparezca.

El Mundo recoge la valoración que hace PaidContent, “entre 100 y 200 millones de dólares. En un sector no ya en decadencia, sino en crisis. En una crisis letal que acabará con el modo tradicional de hacer negocios en el sector. Como tengo amigos que trabajan en él y valoro la importancia del la prensa, me he puesto muy contento de leer esta información porque se me ocurre que en medio de su pesimismo han encontrado un modelo que prueba que su supervivencia es posible.

Sin embargo, en la noticia de El Mundo me encuentro con este sorprendente párrafo: “Escépticos como James Rainey, de 'Los Angeles Times', recalcan que tan sólo 11 periodistas se dedican a crear contenido 'original', que los sueldos no pueden compararse con los de la prensa y que la web se beneficia del trabajo de voluntarios”.

¿Y?

Estos escépticos sufren de lo que Godin llama la nostalgia del futuro, que es exactamente como el pasado, pero un poco mejor. Para ese tipo de futuro todos estamos preparados. Pero si algo se cruza en nuestro camino y ese futuro deseado no se cumple, entonces llega la desesperanza. Como la que invade a las productoras de música y cine, a las editoriales, a Kodak, a las consultoras, a las agencias de publicidad y, por supuesto, a la prensa. Una desesperanza que es espera del final. Es como si los escépticos prefiriesen el final a un cambio de planes – de sus planes – sobre el futuro (dicen que el capitán del Titanic pasó las últimas horas antes de hundirse con su barco en estado de shock, incapaz de tomar ninguna decisión o dar ninguna orden).

Arianna Huffington, sin embargo, lo ve de otra manera: "pese a todas las malas noticias sobre el periodismo impreso, lo cierto es que vivimos en una edad de oro de la información". ¡Que se lo digan a los usuarios de internet! Probablemente por eso, ella ha decidido que el Huffington Post se dedique al negocio de la información, que es el que vive una edad del oro, y no al de, periodismo impreso. Probablemente por eso, como dice Seth Godin, “no tienen plantas de impresión, no reverencian libros de estilo, no tienen como sede un edificio impresionante. En su lugar, emplean mentes creativas, generadoras de cambios”. Es decir, artistas que se empeñan en “inventar el futuro, enamorarse de él y lanzarse a vivirlo”. (Citas de Linchpin, último libro de Seth Godin).

Lo que buscan (y encuentran) los usuarios

La consultora Hitwise, que realiza estudios periódicos sobre las búsquedas que los usuarios de internet hacen en Google y otros buscadores, acaba de publicar los resultados de su investigación de diciembre de 2008 – realizada a partir del análisis de navegación de 25 millones de usuarios de todo el mundo. Clicks Stats ofrece un buen resumen.

Lo interesante de seguir los datos de Hitwise es que las búsquedas de los usuarios muestran con claridad los intereses (uno busca lo que necesita y le interesa) no sólo de los usuarios de la web, sino de los consumidores en general. A través de la marca que los internatuas dejan en el medio digital podemos observar las tendencias de mercado.

Varios comentarios a vuela pluma a partir de algunos datos que me han llamado la atención:

  • Casi un 10% de las búsquedas de la categoría de tecnología e internet corresponden a PayPal, un sistema de pago empleado, entre otros, por eBay, que va a convertirse en líder en internet. Parece que, en medio de la crisis, los consumidores han decidido explorar las posibilidades de las compras online – la asociación de comercio electrónico de USA ha reportado un crecimiento del 16% en esta campaña de Navidad respecto a la del año anterior. Es el momento de que quien tenía dudas se decida antes de que el año de la crisis pase: quedan 12 meses para probar la eficacia del canal online. (Los datos de meses anteriores confirman esta tendencia).
  • En la categoría de automóviles y otros vehículos Toyota dobla en búsquedas a Chevrolet, y Nissan a Dodge. En automóviles, sólo Ford resiste el empuje de las marcas asiáticas, que copan 5 de las 10 primeras posiciones. Detroit está en bancarrota no por los daños colaterales de las subprimes, ni siquiera por su fala de reformas estructurales. Simplemente, a los consumidores no les interesan los clásicos coches americanos.
  • El mundo de las redes sociales se estandariza. Las diez mayores búsquedas en esta categoría vuelven a concentrarse en tres jugadores: MySpace (más de 110 millones de visitas y 76 millones de usuarios únicos en el mes de diciembre), Facebook (que alcanza el volumen de tráfico de su competidor con "sólo" 55 milones de usuarios únicos), y YouTube (más de 80 millones de visitas). (Datos de tráfico, Comscore).

Ya no existen dos mundos, el real y el virtual, sino sólo uno. En realidad, siempre ha sido así, pero algunas (mediocres) compañías y muchos (temerosos) profesionales podían mostrar que las tendencias del mundo online eran válidas sólo para una minoría avanzada.

Internet es un aliado. Seguro. En primer lugar porque, como ningún otro medio, muestra hacia dónde van los consumidores. Y eso es bueno para cualquiera. Sobre todo, si muestra que los consumidores corren lejos de donde uno tiene su territorio. Es la supervivencia lo que está en juego.