Internet, información y decisión de compra

Internet provoca sobreabundancia de información. De cientos a millones de piezas que dicen algo – mucho o poco o casi nada – sobre cualquier tema. Producidas por fuentes de todo tipo, muchas de ellas extremadamente fiables y documentadas. Pero parciales, difíciles de manejar en su parcialidad y, por tanto, difíciles de entender, por estar desconectadas entre sí y respecto a otras piezas de otros temas relacionados.

Ya no estamos en la era de la información. La información ya no es una novedad. Todos nos hemos acostumbrado a ella, la damos casi por supuesta. Ahora pedimos más. Necesitamos que la información se convierta en conocimiento, algo que ocurre cuando nos ayuda a tomar decisiones: qué cámara de video o qué coche se adapta mejor a nuestro estilo de vida; si debemos o no ir al médico para que nos vea un manchita en la piel; si vale la pena actualizarse a iOS 7 o esperar al lanzamiento del Google Nexus 5; cuál es el mejor colegio para nuestros hijos; cuál es el mejor fondo para gestionar nuestros ahorros; qué software nos viene mejor editar videos; etc etc etc. Decisiones a veces triviales, que entrañan muy poco riesgo, pero otras francamente importantes, en las que acertar o equivocarse puede ser muy relevante.

Internet ha traído una extraordinaria sobreabundacia de información sobre cualquier tema pero, en su evolución, también ha facilitado que cualquier usuario pueda valerse de ella para hacer esa información significativa respecto a sus necesidades, por ejemplo en qué nos gastamos nuestro dinero.

Decenas de aplicaciones tecnológicas nos permiten ya hacer cosas como:

  • Saber – en mi móvil – cuál es y dónde está el comercio más cercano donde venden un producto de bricolaje que necesito ahora mismo.
  • Conocer el precio de las deportivas que acabo de probarme en una determinada tienda para decidir si las compro en ese lugar o me voy a otra tienda o las pido por internet.
  • Comparar las características de dos televisores para confirmar si la recomendación del comercial que me ha atendido es correcta e imparcial – y se adapta a mí – o no.
  • La más bonita y también la más relevante: saber qué piensan de cualquier producto (o destino turístico, o película de estreno, o restaurante, o lo que sea sobre lo que tengo que decidir) personas como yo que ya han usado ese producto.

Información, comparación y opinión de usuarios. Tres elementos para la toma de decisiones que los consumidores hemos usado desde siempre pero que ahora multiplican su incidencia porque la tecnología de internet nos permite su uso masivo, constante y sencillo. También fuera de los límites de internet, en cualquier tienda y para cualquier categoría de producto.

Ninguna empresa escapa a esta tendencia, lo cual es estupendo para los consumidores. El reto para quienes quieren vendernos cosas está en perder el miedo a que los usuarios sepamos cómo son y les comparemos con sus competidores antes de decidirnos por ellos. Al final y al cabo, si de verdad ofrecemos algo interesante (selección, precio, servicio, localización, experiencia…), que nos comparen sólo debe servir para que nos prefieran.

El problema no está en lo que dicen de nosotros, sino en si lo que dicen de nosotros es o no verdad y si esa verdad es la que moverá al consumidor a preferirnos y por tanto escogernos, o a rechazarnos.

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