Los escépticos y la nostalgia del futuro

En medio de la crisis que azota a la industria de la prensa en todo el mundo, irrumpe una nueva cabecera. Se llama Huffington Post, y nació en mayo de 2005, bajo la humilde forma de un blog de una señora llamada Arianna Huffington. Su historia la resume hoy el diario El Mundo.

Entre 2008 y 2009, el Huffington Post lanzó cuatro ediciones locales: Chicago, Nueva York, Denver y Los Ángeles. Wikipedia reporta que el Huffington Post tiene 3.000 colaboradores que escriben en formato blog, desde políticos y famosos hasta académicos y expertos en relaciones internacionales – que contribuyen en tiempo real sobre un amplio panorama de temas. Su equipo ha crecido de 49 a 89 redactores. En un sector en que hay despidos masivos.

El medio tiene casi 10 millones de usuarios únicos diarios, lo que le convierte en el segundo periódico en audiencia del mundo, sólo por detrás del New York Times. Gana dinero – entre 12 y 16 millones el año pasado. Según explica Seth Godin, pronto será líder en beneficios en USA. Además, recibe el apoyo de miles de lectores que envían donaciones para sostenerlo. En un entorno de todo gratis, los lectores están dispuestos a pagar para que el Huffington Post no desaparezca.

El Mundo recoge la valoración que hace PaidContent, “entre 100 y 200 millones de dólares. En un sector no ya en decadencia, sino en crisis. En una crisis letal que acabará con el modo tradicional de hacer negocios en el sector. Como tengo amigos que trabajan en él y valoro la importancia del la prensa, me he puesto muy contento de leer esta información porque se me ocurre que en medio de su pesimismo han encontrado un modelo que prueba que su supervivencia es posible.

Sin embargo, en la noticia de El Mundo me encuentro con este sorprendente párrafo: “Escépticos como James Rainey, de 'Los Angeles Times', recalcan que tan sólo 11 periodistas se dedican a crear contenido 'original', que los sueldos no pueden compararse con los de la prensa y que la web se beneficia del trabajo de voluntarios”.

¿Y?

Estos escépticos sufren de lo que Godin llama la nostalgia del futuro, que es exactamente como el pasado, pero un poco mejor. Para ese tipo de futuro todos estamos preparados. Pero si algo se cruza en nuestro camino y ese futuro deseado no se cumple, entonces llega la desesperanza. Como la que invade a las productoras de música y cine, a las editoriales, a Kodak, a las consultoras, a las agencias de publicidad y, por supuesto, a la prensa. Una desesperanza que es espera del final. Es como si los escépticos prefiriesen el final a un cambio de planes – de sus planes – sobre el futuro (dicen que el capitán del Titanic pasó las últimas horas antes de hundirse con su barco en estado de shock, incapaz de tomar ninguna decisión o dar ninguna orden).

Arianna Huffington, sin embargo, lo ve de otra manera: "pese a todas las malas noticias sobre el periodismo impreso, lo cierto es que vivimos en una edad de oro de la información". ¡Que se lo digan a los usuarios de internet! Probablemente por eso, ella ha decidido que el Huffington Post se dedique al negocio de la información, que es el que vive una edad del oro, y no al de, periodismo impreso. Probablemente por eso, como dice Seth Godin, “no tienen plantas de impresión, no reverencian libros de estilo, no tienen como sede un edificio impresionante. En su lugar, emplean mentes creativas, generadoras de cambios”. Es decir, artistas que se empeñan en “inventar el futuro, enamorarse de él y lanzarse a vivirlo”. (Citas de Linchpin, último libro de Seth Godin).

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