Google, un producto masivo

En la
primera versión de la Web – aquella que no tenía nombre, con la que quienes
tenemos más de 12 o 14 años aprendimos lo que era internet – los usuarios
tenían que encontrar huellas, pruebas, indicios; y les tocaba también reunirlas
formalmente, relacionarlas y darles sentido. Esas piezas de información estaban
muy fragmentadas, diseminadas por una red descentralizada de ordenadores
conectados por la web. Para acceder a 
ellas, los usuarios tenían que navegar por portales que agregaban los
contenidos por categorías y daban al internauta la posibilidad de iniciar un
viaje de vínculo en vínculo sin demasiada certeza de encontrar algo relevante –
y sobre, dejando la duda sobre cuántos contenidos relevantes se estaban
perdiendo por el camino. El resultado era habitualmente decepcionante. Y el
trabajo era, sobre todo, para el propio usuario.
 

Los internautas
acogimos con agradecimiento la llegada de los primeros buscadores. Google ganó la
guerra en la primera batalla porque fue el primero en ayudar al usuario en el
arduo trabajo encontrar algo de interés, gracias al modo en que presentaba el
primer nivel de agregación y, sobre todo, porque ofrecía resultados relevantes
casi inmediatamente.  


La promesa
de Google se basa en la superioridad respecto a un atributo que, para quien busca
algo concreto entre muchas alternativas posibles, es el más importante: la
eficacia. Quien usa Google puede esperar encontrar exactamente lo que busca, rápidamente.

 

Google es el
buscador más rápido, gracias a su tecnología de indexación de las webs. Pero,
sobre todo, no ba
sa los resultados de búsqueda sólo en la presencia de los
términos de búsqueda en el texto de un listado de webs indexadas por el
buscador, sino también en la relevancia que para los usuarios puedan tener esas
webs.
Esta relevancia es dinámica, se alimenta de los cambios que se producen
diariamente en la www, y tiene en cuenta criterios como los vínculos externos a
las páginas, las visitas de los usuarios, la frecuencia de actualización, etc.

Esta ventaja es producto de una superior tecnología (un algoritmo de búsqueda e
indexación que es como la fórmula de la Coca Cola en versión Silicon Valley), pero
en realidad nace de la clara orientación estratégica de Google, que pone al usuario en el
centro del trabajo de toda la compañía.
 

Al cumplir su
promesa una y otra vez – cada vez que el buscador es usado – Google refuerza
su
liderazgo.

El buscador de Google no es un
producto tecnológico,
sino un producto de consumo. De consumo masivo.  

 

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