Talento escondido

Recientemente fui invitado por la dirección de una Escuela de Negocios a participar en el tribunal de un módulo de emprendimiento impartido en la Escuela. Los participantes, alumnos jóvenes recién licenciados, debían presentar en grupos de 2 o 3 miembros un plan de negocio viable (quiero decir que el negocio, y no el plan, debía ser viable). Asistí a una sesión de creatividad e innovación sorprendente, más probablemente por lo inesperado.

 

Durante toda la mañana los alumnos expusieron ideas de empresas que eran viables porque eran realistas: guiados por el sentido común, aquellos chicos no se alejaban un palmo del suelo sobre el que camina el mercado, la gente normal. Al mismo tiempo, sus ideas eran realmente originales, particularmente las que proponían negocios dirigidos a público joven (¡por supuesto!). Más allá de la intuición, todos ellos incluían de un modo completamente natural aspectos técnicos, por ejemplo el enfoque centrado en el cliente y no en el producto o la oferta que quienes nos dedicamos al marketing reconocemos como el gran pecado. Sus presentaciones – en pulcros powerpoints – eran un perfecto ejemplo de trabajo en equipo (con los miembros apoyándose en y valorando las aportaciones de sus compañeros) y de orden; y era evidente que… ¡las habían ensayado! Mostraban su dominio de excel en cuadros que sostenían la viabilidad de sus propuestas con datos y cálculos financieros.

 

En fin, detrás de lo que vi había trabajo duro, inteligencia, ingenio, compromiso, audacia, colaboración, orden y creatividad. Talento. En chicos normales, formados en universidades españolas.

Conduciendo de vuelta a casa pensaba en tantos y tantos clientes, compañeros y jefes que se quejan de la dificultad de encontrar talento entre los jóvenes. Siempre he pensado que la dificultad no está tanto  en encontrarlo, como en retenerlo y/o no ahogarlo bajo una mezcla de horas extras, desorden, burocracia/meritocracia, poca atención, poco reconocimiento y abandono ante el peligro. Pero, ciertamente, les he dado muchas veces la razón: pocos junior sobresalen de verdad.

 

Lo que las compañías buscan, existe; yo lo he visto (en esa mañana de tribunal, pero también en mi experiencia profesional). Pero para explotar el talento y la creatividad de los jóvenes las compañías deben cambiar su esquema: ahora, son ellas las que deben seducir a los candidatos, partiendo del reconocimiento de lo que son y el respeto de lo que quieren; y haciéndoles una propuesta atractiva, en la que no tengan que partir su corazón entre el trabajo y la vida. De un corazón unido nace la creatividad y el compromiso que las empresas necesitan.

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